Hace treinta años que llamaste a la puerta de su amor
y a los tres meses ya habíais logrado
vuestro retrato de familia con perrito
y tú el corazón enamorado.
Ni eran ni son buenos tiempos para la lírica
y desde luego tú aún no te has quejado,
tiempos nuevos vendrán, pensaste,
para tu corazón amoratado.
Así pasaron los días y las noches
hasta que tu cuerpo se tiñó en morado,
torpeza tuya en la escalera
todo por llevar un mal calzado.
Harta ya de tanta excusa
de tanto golpe y de tanto peleado,
no te rindas, querida, ante aquel macho,
no te rindas, querida. que aún no es tarde.
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