Acúseme de cosmopolitismo apátrida, pero no voy a ensalzar las glorias y virtudes de la selección española de fútbol. Me gusta el fútbol, me encanta y me apasiona, pero en cuanto termina el encuentro ni tengo ganas de celebrar las victorias ni de llorar por los fracasos. Lo que me gusta de un buen partido de fútbol es la emoción, la tensión, saber que en 5 segundos puede cambiar el rumbo de lo que habían sido los noventa minutos anteriores. Pero una vez pita el árbitro, la pasión se me desvanece. Lo consultaré con mi farmacéutico, lo prometo.
Pero lo que hoy quería hacer no era discutir sobre fútbol, sino hacer un par de apuntes y mostrar una canción, esta vez de Bunbury & Vegas, para mí, personalmente, dos de los mejores letristas españoles actuales.
La canción es una no muy conocida, del disco El Tiempo de las Cerezas, aquel disco que grabaron juntos hace un par de años: El Cazador.
Logré nacer un mes de enero,
tarde ya para el calor.
Me convertí, invierno a invierno,
en un torpe cazador.
[...]
Vivía igual que un cazador,
en soledad, sin fe ni amor,
mi presa siempre estaba en otro lado.
A hierro yo viví y maté
y a hierro sé que moriré,
el cielo nunca se ha equivocado.
Poesía hecha canción, siempre me gustó por aquéllo de autobiográfico que solemos otorgarle a las canciones que nos gustan: logré nacer un mes de enero, vivía y vivo igual que un cazador, y, desde luego, a hierro moriré. Pero la caza se abandonó como método de sustento hace siglos, siendo sustituida por la domesticación de los animales y la cría de ellos. Al fin y al cabo, asegurarse un plato de carne todas las noches es buen trofeo.
Sin embargo, todavía quedamos unos pocos estúpidos anclados en el pasado, aquellos que creemos que el Brasil de Zico fue el mejor equipo de la historia, que el Mayo del 68 fue más importante que el 20 de Julio del 69 y que Jesucristo fue el primer revolucionario de la historia. Aquellos que apreciamos el noble arte de la caza sin escopeta.
Seguramente no sea ni la mejor canción de Bunbury ni de Nacho Vegas, pero lo que está claro es que tiene lo mejor de ambos, y como el resto del disco, es una genialidad.
